El Sabino Arana del s. XX.

viernes, 30 de diciembre de 2011
Hay personas que día a día, semana a semana, año a año, marcan tu vida, para bien o para mal. Suele ser inconscientemente, y el marcado no suele darse cuenta de ello hasta pasados varios años. He leído recientemente en columnas de periodistas bastante importantes -Pérez-Reverte creo que fue el último del que he tenido noticias- sobre sus profesores. Bien, yo también voy a hablar de uno de ellos.

El profesor al cual le "dedico" esta entrada, se llamaba Txema. Era un profesor de los de la vieja escuela -no como los super especializados de hoy en día, que tanta especialización para no enseñar nada-, de los de sota, caballo, rey, que enseñaba matemáticas, lengua, conocimiento del medio, educación física, religión... Y euskera. Era el tutor del "B", y a nosotros nos daba esta última. Creo recordar que fue profesor nuestro Tercero y Cuarto de Primaria, es decir, servidor tendría una edad de unos 8-10 años; esa edad en la que la personita empieza a tener sus primeros contactos con el mundo racional, adentrándose indirectamente en los peligrosos mundos de la religión y la ideología que a la postre marcarán al adulto.

Yo por aquéllos años, era una persona inquieta en clase. Era buen alumno, me portaba bien para que no me castigaran -evitando así un castigo mayor en casa-. Hacía lo mínimo para no tener problemas: Los deberes -el último día pero hechos-, estudiar -el último día pero estudiado- y no liarla demasiado en el cole -al menos con el profe delante-. En clase yo era una persona extrovertida, que se aburría y distraía con facilidad -y si había elementos faunísticos acechando por la ventana más-. Euskera era el culmen del aburrimiento y distracción.

Txema por el contrario, era un profesor alegre, cincuentón -casi sexagenario diría yo-. De cara larga y sonriente, pelo canoso y coleta -pese a sus años-. Solía ir con modernas gafas de sol. Era una persona tradicionalista pero moderna; lo mismo le quedaban bien las gafas de sol que una txapela. Tenía una voz melosa, a veces incluso empalagosa, por lo que no era difícil creer todo a pies juntillas, caracterizada por un fuerte acento vasco. O así lo recuerdo yo, tantos años después.

En clase, entre verbo y declinación, nos contaba cosas, sus opiniones y vivencias -como todo profesor de vieja escuela-. Más de diez años después, siendo yo ya una persona con seso suficiente y con una capacidad crítica superior a la que podía tener con 10 primaveras, puedo analizar mejor aquél profesor y lo que nos contaba en clase. Era un tipo creyente, religioso y tal vez practicante. Entre otras muchas batallitas de abuelo Cebolleta, nos contó que una vez, su hija tuvo un problema -no estoy muy seguro, pero creo que era una operación; vamos, que ya estaba encargando el traje de madera-. Él, fue a la Basílica de Nuestra Señora de Begoña, y Nuestra Señora libró a la hija de Txema -no sé si del otro barrio o de la operación, pero supongo sería lo primero-, insistiendo en que tuviéramos fé. Puede que sea un dato pequeño para adjetivar de esta forma a una persona, pero entre otras muchas cosas, nos enseñó a recitar el Padrenuestro en vasco, y una vez nos lo sabíamos, lo cantábamos, como si en eucaristía estuviéramos... -y debió de surtir efecto, porque años después, aún me sigo acordando del Gure Aita zeruetan zarana...-.

También nos hablaba de los "peligros" de la vida. Nos lo decía metafóricamente, para que nosotros -infantes-, lo captáramos mejor. Nos enseñó a tener respeto, a elegir nuestras amistades... Muy filosófico el tipo. Abundantes eran sus parábolas, pero el tiempo las ha ido enterrando.

Lo que más yo recuerdo de Txema, es su nacionalismo vascongado -tal vez ligado a su condición de profesor de euskera-. Nunca dijo nada en contra de España, pero tenía un odio especial a los Reyes Católicos. No sé por qué, pero frecuentes fueron sus charlas en contra de ellos. A mí por aquél entonces, ya me caían bien las Católicas Majestades, unido a que siempre he sido demasiado crítico y que nunca me ha gustado que me impongan una opinión por que sí, pensaba "este tío es tonto". Mientras el resto de mis compañeros caían en la melosidad de sus palabras, yo era -una vez más- el rarito que no podía concebir que doña Isabel y don Fernando fueran malas personas. Nunca dijo nada contra Carlos I o contra Felipe V -más fáciles de criticar por el tema foral- o incluso contra Franco y su censura. No. Él la tenía cogida con ellos dos, con nadie más.

Se podría decir que Txema era un nuevo Sabino Arana enmarcado un siglo después de éste. Católico, creyente fervosamente, defensor de las vascongadas... Con coleta y gafas de sol. Un tipo que sabía lo que quería y lo que no quería, fruto de leer, pensar y criticar. Nada que ver con los nuevos sabinoaranas adoctrinados por el "España=malo. Euskaldunok>fasciespañoles. =>Independicémonos". No era de esos que dice cosas que el pueblo quiere oír, haciendo que le sigan una panda de corderitos hipnotizados por palabrería bonita, tergiversada y demagoga. Txema tenía más clase. Txema lo soltaba a niños de diez años. Si me quieres creer, bien, si no, ya tendrás tiempo de creer lo que quieras. Hay formas y formas.

Llegué a sentir asco por el euskera -una "lengua" con la que podías ir a Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y un cachitín de Francia-. Llegué a sentirme avergonzado de haber nacido allí, pues en seguida me dí cuenta del percal que había a mi alrededor, de odios intestinos en una sociedad en la que o callabas, o decías lo que otros querían escuchar.

Después de tantos años, me doy cuenta que Txema no era malo. Tenía sus ideas. Ideas buenas -algunas han calado hondo en mí-. Se podía discrepar o no, pero no imponía su opinión, la daba. Tan diferente él de los nuevos Sabinos o los nuevos Cambós, maquetos y charnegos que basan sus teorías en ideas románticas sin pies ni cabeza.  O tal vez era igual que ellos, pero a mí es la idea que me queda de él. Ya jubilado, seguramente no vuelva a saber nada más de Txema. Es una lástima, pues sinceramente me gustaría saber sus por qués, tener una charla ex-profesor ex-alumno. Seguramente ahora mismo, esté disfrutando de su jubilación, Deia en mano y escuchando a Mikel Laboa, fiel a sus ideas. Por mi parte, se la ha ganado.

Por cierto, mi abuela está bien, gracias por preguntar.
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